jueves, 28 de junio de 2012

La extinción del bucardo

El bucardo, la Capra pyrenaica pyrenaica, era una de las especies, extinguida ya, que enriquecían nuestro entorno.

Se trataba de una variedad ibex pirenaica de cabra hispánica, de formas robustas y fuertes, con un tamaño que alcanzaba el metro y medio de longitud en edad adulta. Como característica destacable en los machos, podríamos nombrar su desarrollada cornamenta, de base ancha y en la cual, de forma similar a los árboles y su tronco, según sus variedades anulares llamadas medrones, que aumentaban año tras año, se podía determinar su edad. Tenía pelaje pardo, oscuro en algunas zonas dorsales y blanco en el vientre. Sus ojos, de color amarillo claro.


Última cría de bucardo

Se tienen señas de que ya era animal de caza en la prehistoria y, aunque abundante aún en el siglo XIX, se convirtió en un animal prioritario de caza y de un gran valor cinegético, lo que fue reduciendo la supervivencia de especie. A principios de 1900, España, último sitio donde podía encontrarse tal variedad de cabra montesa, contaba con la triste cantidad de sólo 50 ejemplares.

Las acciones por la protección de la especie llegaron demasiado tarde, el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido se convirtió en el único sitio donde divisarlo.

Se intentaron las crías en cautividad con resultados poco satisfactorios. De las 30 especies que quedaban aun en 1981 se pasaron a 10 en 1993 y un par al año siguiente. En 1999 murió el último macho y a principios del 2000 yacía Celia, tras ser aplastada por un abeto en el mismo Ordesa.

De los últimos bucardos se guardaron tejidos epiteliales con el fin de su clonación, tema que sigue en el aire después de intentos fallidos y diversos motivos. Sin embargo, es de actualidad la buena noticia de que Celia, el último bucardo hembra, volverá a nuestro Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Lo hará en forma disecada, al Centro de Interpretación, en el municipio de Torla, para que podamos admirar tal especie y no olvidarnos de animales tan emblemáticos como este, que el paso de los años, la actuación humana y una preservación poca activa, nos ha negado seguir disfrutando de ellos.