viernes, 28 de septiembre de 2012

Las facerías

Las facerías son concordias o pactos, normalmente entre los habitantes de los valles colindantes, por los cuales se regula el aprovechamiento de pastos comunes y se asegura la paz entre los vecinos.

Las razones que llevaban a una firma de estos acuerdos, hay que enmarcarlas en la perspectivas de los pueblos de la montaña. Estos solían formar una unidad, de la que muchas veces dependía la propia supervivencia, puesto que compartían un mismo espacio natural.

Estos acuerdos resultaban imprescindibles debido a que el aprovechamiento de recursos tan valiosos como pastos, aguas o leñas generaba las lógicas disputas entre los valles vecinos. Si a estas disputas sumamos otros conflictos derivados, como crímenes, atentados contra las personas y propiedades y distintas querellas, todos ellos difíciles de evitar, dada la diversidad legislativa de los valles y la necesidad de establecer intercambios entre los mismos, es fácil comprender que se acudiera a los “arbitrajes” con el fin de evitar todos estos problemas que muchas veces acababan provocando verdaderas guerras entre los valles.



Aunque se atenían a la decisión de terceros, considerados neutrales por ambas partes, a la larga estos arbitrajes se mostraban insuficientes para prevenir futuros enfrentamientos, por lo que se trataba de evitarlos recurriendo pacíficamente a los tratados.

Estos tratados tienen un origen plenamente medieval y hay que hacer constar que, aunque actualmente las facerías más representativas se dan entre valles separados por una frontera estatal, también se dieron en territorios pertenecientes a un mismo país. Prueba de ello es la llamada “alera foral” todavía vigente en el Derecho Foral de Aragón, que no es más que una servidumbre o derecho de pastar, regulada en muchos casos por pactos, que se podría resumir en la frase “pastos de sol a sol en terreno ajeno”.

Las facería en un principio tenían un contenido casi exclusivamente económico y en ellas se trataba de establecer la paz, fijando los límites del terreno facero y regulando escrupulosamente el uso de las hierbas, de las aguas y de los bosques. Además aseguraban la protección de los hospitales situados en las montañas, como puntos sagrados de refugio (en nuestro caso Bujaruelo y Gavarnie), estableciendo penas para aquellos que incumpliesen los acuerdos.

Posteriormente, con la creación de los llamados estados nacionales, a partir del siglo XVI y la aparición de conflictos, ajenos a los valles, pero que les afectaban, al estar situados en el espacio fronterizo, estos trazados van mas alla. Intentan asegurar la paz con el establecimiento de garantías recíprocas de neutralidad en caso de guerra y de mantenimiento de relaciones y transacciones comerciales. Además en el caso de que no se pudiese evitar la confrontación armada, trataban de minimizar en lo posible las consecuencias de la misma, mediante la obligación de ambas partes de avisarse cuando en su territorio se produjese una concentración de tropas y, si los valles tenían que luchar entre ellos, establecer un plazo de tregua antes de la lucha para que los faceros pudieran evacuar el territorio del otro valle con sus bienes.

A partir del siglo XVIII, con el fortalecimiento de la dinámica centralizadora de los estados, estos intervienen cada vez mas en los acuerdos, convirtiéndolos en simples instrumentos administrativos y despojándolos de todo contenido político. Como consecuencia de ello, las facerías sufren un retroceso en sus contenidos, al quedar reducidas a meros tratados de contenido económico.

Entre el valle de Broto y el de Barèges se estableció una primera concordia en 1330, intentando dejar atrás las sangrientas luchas que se sucedieron en el primer cuarto del siglo XIV. A ésta siguieron otras, hasta llegar al momento actual, en que continua renovándose todos los años esta facería que regula el aprovechamiento de los pastos de alta montaña del llamado Mon d´Usona, en territorio de Gavarnie.