martes, 2 de octubre de 2012

Bal de Chistau

Este inmenso valle excavado por un glaciar y perfilado después por las aguas pacientes del rió Zinqueta, esta custodiado por Bachimala, Punta Suelza, Cotiella y Poset.


Pastoreo en la Bordas de Viados

El paisaje combina bosques y praderas, extensiones enormes de hierba fresca que durante años acogieron al ganado, base económica y creadora de entornos tan atractivos como las Granjas de Viados y Tabernés, antiguos graneros, una forma de vida olvidada, regida por el uso de la piedra, la madera y la pizarra en la construcción, la austeridad y el contacto con la naturaleza en lo social.

La Bal de Chistau ha sido el más escondido de los valles altoaragoneses, aislado por carretera hasta los años 30, en que se abren los túneles de La Inclusa, pero no llegó a Plan hasta años más tarde, sus únicos accesos hasta ese momento eran caminos de los llamados de herradura, es decir, aquellos por los que únicamente se podía transitar en caballería o a pie, bien desde Badaín a través de Saravillo, desde Salinas pasando por Sin o bien por el río cuando las aguas del Zinqueta eran suficientemente escasas para poder transitar por él.

Los pueblos del valle han sabido conservar ese poso en calles estrechas y empinadas, en fachadas de piedra y tejados negros, casas fuertes resignadas a soportar las inclemencias del medio natural.

Pueblos de altura, colgados en laderas bajo la mirada de peñas desnudas y grandes cumbres.