La primavera llega sin hacer ruido, como un susurro que despierta la tierra dormida.
Los árboles, que parecían quietos y cansados, comienzan a vestirse de verde en el Pirineo y cada hoja nueva es una pequeña promesa de vida.
El valle de Pineta amanece envuelto en nubes, sin sol brillante pero con una calma infinita, respirando el verde reciente y el aire frio de un día de primavera.
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