miércoles, 23 de enero de 2013

Parque Nacional de Timanfaya

Cambiamos de Parque Nacional por unos días y conocemos a fondo otro completamente diferente: Parque Nacional de Timanfaya.

El Parque surge de las violentas erupciones volcánicas de 1.730-1.736, seis años consecutivos, y las posteriores del S.XIX, principalmente en 1.824. En él abundan variados elementos de interés científico, geológico y geomorfológico de gran singularidad y belleza paisajística.

Timanfaya posee la belleza terrible de la desolación, pero en este lugar negro, erizado por el fuego, no tiene cabida el drama, hoy vemos el espacio que conformaron los volcanes como un hecho estético, indagamos en sus componentes, textura, color, luz..



En su día la lava inundó valles fértiles donde crecía el cereal, arrastró casas y ermitas, destruyó unos medios de vida e incluso vidas mismas, aunque nada mas fueran las de unas pobres cabras que respiraron inadvertidas el humo envenenado de un volcán.

El periodo de actividad duró casi 6 años,tiempo en que los habitantes de la isla aprendieron a convivir con el, sus múltiples luminarias llegaron a ser un sol en la noche. Los jóvenes de los pueblos vecinos bailaban(podemos imaginar que con emoción ritual y pagana aunque disimularan tal afiliación evocando las cristianas hogueras de San Juan) delante de la lava; y los chiquillos construían efímeros poblados de barro por el gusto cruel de observar como el magma enrrojecido y humeante los engullía. El hombre (precisamente en el Siglo de la Luces) volvía a rendir culto al fuego, padre de todos los orígenes, castigos y purificaciones.

Por ello, no afecta gravemente la conciencia el pensamiento de que nuestro disfrute estético de hoy, esté aupado en desgracias pretéricas; aunque la emigración fue su destino final, también los hombres que asistieron a la combustión de los fuegos del infierno disfrutaron de su belleza, después de haber entendido resignados y como inevitable el comportamiento de la naturaleza.



Lanzarote tiene su piel tatuada por el fuego, la agujeran mas de trescientos volcanes, algunos tan impresionantes como el de La Corona, en el macizo de Famara, cuya erupción ocurrió hace más o menos 4000 años. En el espacio que abarca Timanfaya hay unos veinticinco cráteres, todos surgidos como consecuencia de las erupciones que tuvieron lugar ininterrumpidamente entre 1.731 y 1.736.

Timanfaya es Parque Nacional desde 1.974, aunque los limites oficiales del Parque no comprendan todo el terreno afectado por aquellas erupciones, fuera de ellos quedan zonas importantes como la que forma el campo de lavas que se encuentra entre Mozaga y Maschade. En cambio, el volcán El Chinero, producto de una erupción mas tardía, la de 1.824, que únicamente impulso la explosión de tres conos, esta incluido en su perímetro.

De los 174 km2 de terreno afectado por lavas y lapilli procedente de aquellas erupciones, solo se ha reservado como Parque una superficie de 54 Km2, precisamente la zona donde ocurrieron las mas importantes. Entre aquellas destaca la cadena de volcanes que constituyen las Montañas de Fuego, desplegadas casi en linea en dirección al mar.

Administrativamente, el Parque pertenece a los Municipios de Yaiza y Tinajo, pero es ICONA (Instituto Nacional para la Conservación de la Naturaleza) es quien lleva su gestión directa.



Un poco de historia:

El 1 de septiembre de 1.931, (entre nueve y diez de la noche) la tierra se "abrió" de pronto cerca de Timanfaya, a dos leguas de Yaiza. En la primera noche de la erupción, una enorme montaña se elevo del seno de la tierra y del ápice se escapaban llamas que continuaron ardiendo durante diecinueve días.

Este fue el comienzo de intensos días de fuego que prolongarían su llamarada hasta 1.736. Durante estos años se produjeron explosiones, vertidos de lavas,temblores de tierra.... El humo y los gases envenenaron los rebaños de cabras, que pastaban en viejos malpaises donde crecían higueras y algunas plantas forrajeras. No hubo víctimas humanas, pero al menos veintitrés caseríos quedaron sepultados por la lava, dejando sin hogar a unas quinientas personas. Las tierras de cultivo quedaron inutilizadas. Los afectados por la tragedia se vieron obligados a emigrar a Gran Canaria. Lanzarote, una isla desprovista de cualquier tipo de riqueza, que se abastecía precaria y elementalmente, no podía ofrecerles la posibilidad de rehacer su vida y haciendas en ningún otro sitio de su geografía.

Cesar Manrrique
doto al Parque de un emblema literal: un diablillo oxidado, recortado en viejas maderas o en chapas de hierro, cuya mirada traviesa y juguetona, parece apoyarse cómodamente en la irónica disposición de su cola, un rubrico apéndice que termina en flecha como señalando la dirección al infierno
.



Pese a su apariencia de espacio muerto, en Timanfaya hay vida animal y sobre todo, vegetal. El lagarto de Haría es endémico de la zona, su color negro lo hace difícil de distinguir, ya que se confunde con las rocas. Las palomas bravías anidan en algunos huecos altos dejados por el desplome de hornitos. Cuervos, alpispas, gaviotas, guinchoa, pardelas, perdices, etc, aparecen preferentemente en torno a los islotes (zonas que dada su altura, no fueron cubiertas por la lava, conservando parte del suelo primitivo). Otras especies (los gansos, alcatraces, patos, garcetas) son emigrantes que se detienen en la isla en el otoño o en la primavera, las estaciones de sus viajes.

Por lo que respecta al mundo vegetal, se han recogido muestras de unas 180 especies distintas de líquenes. Estos crecen en zonas de lava y malpais que están bajo la influencia de los vientos alisios, la humedad marina que traen los vientos propicia la eclosion de estos organismos primitivos que han colonizado casi enteramente Timanfaya.

En los islotes crece una variedad grande de flora, de ella la mas popular es la aulaga, que sirve de combustible a las cremaciones que se hacen frecuentemente en el Islote de Hilario.

Datos recogidos del libro "Timanfaya" de Lázaro Santana