martes, 26 de marzo de 2013

Parque Nacional de Garajonay


"A escasa distancia de las desérticas costas saharianas, a lo largo de las agrestes cumbres de la isla Canaria de la Gomera, se refugia uno de los bosques más singulares y emblemáticos del Estado Español. La persistente envoltura de nieblas que ascendiendo desde el Océano se pega a las cumbres insulares, impregnándolas de humedad y frescura, propicia la milagrosa existencia de estas espléndidas y misteriosas selvas, últimos vestigios supervivientes de las ancestrales selvas subtropicales que hace millones de años poblaron el área mediterránea."



El Parque Nacional de Garajonay se extiende por una superficie que supera el 10% de la isla de La Gomera. Fué declarado como tal en 1981. Posteriormente, en 1986, la Unesco lo incluyó entre los bienes que forman parte del Patrimonio de la Humanidad. Cuenta con 3984 hectáreas, y su territorio se extiende por todos los municipios de La Gomera, ocupando el centro y ciertas zonas del norte de la isla.

Garajonay prorege las manifestaciones más extensas y mejor conservadas de laurisilva canaria. Un bosque de carácter subtropical que mantiene siempre sus hojas verdes y son excepcionales captadores de agua de las nieblas.

Un ecosistema relicto del Terciario desaparecido del continente como consecuencia de los cambios climáticos del Cuaternario, encuentra refugio en la zona de nieblas de las islas Canarias. Garajonay es en la actualidad la muestra mejor conservada de este ecosistema, albergando más de la mitad de los bosques maduros de laurisilva del Archipiélago. Otros valores del Parque Nacional son la diversidad de tipos de formaciones vegetales, el gran número de especies endémicas y la existencia de espectaculares monumentos geológicos, como los Roques.

La importancia de la protección de la laurisilva estriva en su carácter excepcional, al ser un testimonio viviente de los bosques que ocupan la zona hace millones de años, extinguidos a causa de los cambios climáticos. Además, a a causa de su aislamiento insular, estos bosques son el ecosistema del mayor número de especies endémicas, es decir, especies exclusivas que solo viven en el, encontrándose muchas de ellas en amenaza.



El mantenimiento de este Parque es también vital para La Gomera, ya que proporciona recursos valiosos como el agua; además de ser una seña de identidad de las islas Canarias.

La declaración del Parque Nacional de Garajonay en 1981, ha servido para reforzar y consolidar su conservación mediante la naturalización de la explotación y los programas de restauración de las especies amenazadas. La transcendencia mundialmente reconocida en 1986 por la UNESCO, que incluyó al Parque en la lista de Patrimonio de la Humanidad, como Bien Natural.

Un paisaje de nieblas frecuentes y pitones volcánicos, que fueron montañas sagradas para los antiguos gomeros

No es extraño que las cumbres y vertientes enfrentadas al mirador muestren espléndidas cascadas de niebla. Ahí se establece una de las fronteras climáticas de La Gomera. Aquella que sirve de transición entre la vertiente norte y cumbres de la isla, frecuentadas por las nieblas, favoreciendo la existencia de espléndidos bosques, y la vertiente sur donde las nieblas desaparecen rápidamente, dando paso a un paisaje mas seco, en el que los matorrales sustituyen al bosque.

Los Roques de Agando, La Zarcita y Ojila, impresionan por su potencia pétrea y su protagonismo en el paisaje. Los habitantes prehistóricos de La Gomera vieron estos altos como lugares adecuados para relacionarse con la divinidad. Los roques y montañas eran considerados suelo sagrado. Testigos de estas relaciones de carácter sagrado son las aras de sacrificio, construcciones de piedra, utilizadas posiblemente para realizar ofrendas, que se encuentran en lo más elevado de estos monumentos geológicos: En su interior han aparecido restos carbonizados de huesos de ganado, ovejas, cabras e incluso algún cerdo.