viernes, 26 de abril de 2013

Mallos de Riglos

Los Mallos de Riglos son impresionante formación geológica constituida por grandes farallones y aguas de conglomerados. Las paredes verticales, atravesadas por la garganta del Gállego, llegan a alcanzar más de doscientos metros. La cumbre sobrepasa los 900 metros.



Los mallos, es un topónimo aragonés derivado del latín malleus (mazo), grandes escarpes rocosos verticales, adosados a la ladera de una montaña.

Cada mallo tiene un nombre propio, cuyo origen procede en algunos del nombre de algunas casas de Riglos (Firé y Pisón), de su forma o color característico (el Puro, el Cuchillo, la Visera, del Agua, os Fils, Colorado, Magdalena, Aguja Roja, Tornillo, Tornillito) o en homenaje a otras personas no relacionadas necesariamente con el mundo de la escalada (de los Castellanos, Melchor Frechín, Roberto Martí "Chichín", José Enrique Herrera, Mariano Cored, Víctor Carilla, Luis Gómez Laguna, General Capaz, Don Justo Garasa).



Los buitres leonados habitan en este espacio rocoso, y también los alimoches, con su inconfundible plumaje blanco. Comparten las paredes con éstos, águilas reales, córvidos varios y el quebrantahuesos, en vías de extinción, pero amante de estas tierras. Las sierras exteriores del Pirineo y estas escarpadas moles pétreas brindan a estas aves el refugio idóneo, justo a las puertas de la gran llanura del valle del Ebro.

Los Mallos de Riglos son un paraíso de montañeros, escaladores, y amantes de la naturaleza. Su descubrimiento al montañismo se debe a algunos viajeros como Charles Dembowski, José María Quadrado, Santiago Ramón y Cajal y sobre todo Alphonse Lequeutre y Lucas Mallada, que ya en el siglo XIX llamaron la atención de los lectores de sus obras sobre la belleza de estas moles.



Ya en el siglo XX, cabe destacar la contribución de Julio Soler Santaló quien publicó las primeras fotografías de los Mallos, publicitando de esta manera su existencia, lo que contribuyó de manera notable a la llegada de ciertos grupos de montañeros españoles y extranjeros que con poca fortuna intentaron conseguir alguna cima de estos monolitos.



Existen por los alrededores rutas de senderismo sin necesidad de ponerse a trepar por las paredes vertiginosas de los mallos, concretamente una ruta circular que permite contemplar la grandiosidad de estas enormes paredes verticales de piedra de más de 300 metros de altura desde todas sus caras y el paisaje que ha modelado el río Gállego.

La senda asciende entre los mallos más orientales, ofreciendo magnificas vistas del perfil de la gran mole de Los Mallos que queda a la izquierda, y del mirador de los buitres a la derecha.

Una vez en la parte superior hay un camino entre piedras que nos lleva al mirador de la Espinalba, donde hay unas magníficas vistas de los mallos Pisón y Fire.