Una vez desmontado y trasladado, el departamento de Educación y Cultura del Gobierno de Aragón, ha realizado el proceso de restauración a través de la empresa Prames, recuperando esta pieza de gran valor etnológico y salvando con esta actuación, el último batán de Aragón, el de Lacort.
El fin de un batan dentro del proceso textil, era suavizar y hacer más tupidos y fuertes, los tejidos entresacados a los telares. Esta actividad de origen romano, consistía en unas balsas de agua en las que se sumergían los tejidos y se pisaban continuamente, siendo en la edad media cuando toma la forma y el proceso que ha llegado hasta nuestros días.

Las prendas de lana, una vez elaboradas, eran llevadas a este ingenio donde durante varias horas (incluso días dependiendo de su tamaño) eran golpeadas continuamente por unos mazos para así, conseguir los efectos requeridos. Por ello, el batán se componía de una serie de elementos vitales para su funcionamiento como la rueda movida por la fuerza motriz del agua, que a su vez hacia girar el eje o árbol, en cuya parte central hay dos aspas o elevadores que mueven alternativamente los dos grandes mazos. Estos realizaban un continuo golpeo en la pila de apoyo o castillo donde se colocaban las prendas, las cuales daban la vuelta por los propios golpes, además de ser continuamente mojadas por un canal de agua para evitar que se rompieran. Junto a la plataforma donde se situaba el batanero se encontraba la pila encargada de soportar a su vez el peso de las pilas de cuelgue de las que pendían los mazos. Estas largas vigas tenían también, en su parte final, unas piedras con la función de servir de contrapeso.
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