
Tras una larga trayectoria montañera, con casi todas las cumbres de la cordillera, Rusell se hizo finalmente adicto a una montaña: el Vignemale, denominado Comachibosa en la vertiente aragonesa.
La ascendió treinta y tres veces y logró una simbólica concesión de propiedad sobre doscientas de sus hectáreas en las que excavó hasta siete cuevas, bautizadas con nombres como Ville Russell, Belle-Vue, Paradis o Cueva de las Damas.
Hasta estas cuevas, subieron numerosos invitados a celebrar fiestas y banquetes, e incluso las hizo consagrar por un sacerdote en una ceremonia religiosa que remedaba el matrimonio de Russell con su montaña preferida.
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