lunes, 23 de febrero de 2015

Castillo de los Condes del Sobrarbe o de Boltaña

Castillo de Boltaña

Hace un milenio que Boltaña se cobija bajo su castillo. Desde que la fortaleza se construyó es todo un símbolo para los boltañeses.



Se sabe de la existencia de este castillo desde el año 1017, época de Sancho III el Mayor de Navarra. Fué este rey quien lo confió a Sancho Galindez, Jimeno Garcés y Jimeno Iñiguez, antes de que Ramiro I, rey de Aragón, lo entregara a Sancho Galindez (1036-1089)

En la linea defensiva que justifica su construcción, para combatir las "razzias" musulmanas, enlazaba visualmente con los castillos de Guaso, Morcat y Buil.

El castillo se compone de un recinto amurallado formado por tres lienzos de muros. La planta es rectangular pero irregular por la adaptación que exige el terreno, siendo más estrecha en el lado norte donde se halla la torre, de planta exagonal y un aljibe cubierto por bóbeda de medio cañón. La puerta del recinto, en arco de medio punto, se sitúa en el lado este. Sobre el muro sur se abren cuatro aspilleras adinteladas.


Boltaña, vista desde el Castillo

El castillo dejó pronto de tener sentido como recinto militar y, por ello, sus ruinas recibieron otro uso más práctico. Se sbe que en siglo XVIII se acarreaba tierra a lomos de caballerías para cultivar mijo, allanando la superficie gracias a las piedras de los muros. Este uso agrícola se ha mantenido hasta época reciente.

Un castillo para las brujas

El temprano estado de abandono del castillo y sus ruinas fueron terreno propicio para que surgieran historia que hablaban de brujas y aquelarres, tema al que estaban muy dispuestos los viajeros románticos. En la obra de 1844 Recuerdos y bellezas de España: Aragón, de José maría cuadrado, se recogen ya menciones del castillo de Boltaña como lugar de reunión de las brujas de la comarca, a pesar de que no existe ninguna prueba documental de procesos de la inquisición ni de desafueros en épocas anteriores.



La tradición oral habla de otros curiosidades como, por ejemplo, la existencia de un pozo que desde el castillo permitiría bajar directamente al río Ara.